Home ReseñasProg in the UK CATAPILLA “Catapilla” – 1971

CATAPILLA “Catapilla” – 1971

by Música Sin Límites

Siento debilidad por Catapilla. Junto con Raw Material fue una de las primeras bandas británicas de corta trayectoria que escuché y me hizo darme cuenta de que grupos como King Crimson, Génesis o Pink Floyd eran la punta de un enorme iceberg que quería explorar lo más profundamente posible.

Catapilla estaba formada en 1971 por Robert Calvert (saxo alto y tenor), Graham Wilson (guitarra), Thierry Reinhardt (flauta y clarinete), Hugh Eaglestone (saxo tenor), Dave Taylor (bajo), Malcolm Frith (batería) y Anna Meek (voz).

En su álbum debut podemos escuchar un jazz rock vocal crudo, con mucha fuerza e influencias psicodélicas. Nada más empezar “Naked Death” nos damos cuenta a lo que nos enfrentamos. Una sección rítmica dinámica, con el bajo siempre bien presente, una voz a veces dulce, pero casi siempre desgarradora y algo paranoica, y fantásticos solos de saxo y guitarra que se extienden a lo largo de los 15 minutos que dura el tema.

Le siguen dos piezas cortas con influencias psicodélicas, “Tumbleweed” y “Promises” con arreglos de viento, en las que la voz tiene bastante importancia. Y lo mejor para el final. Me refiero a “Embryonic Fusion”, que con más de 24 minutos de duración es uno de los temas largos que más me gustan de esta época. Primero entra el bajo, después la batería, la guitarra y los saxos. Tras una bonita melodía de flauta aparece la voz arropada por los vientos, con un buen fondo de bajo.

Del minuto 8 al 16 podemos disfrutar de varios solos de saxo alto y tenor, sobre un ritmo rápido, interrumpidos solo por algún interludio vocal. Después la banda se convierte durante un par de minutos en un Power Trio, hasta que en el minuto 19 se quedan solos el saxo alto y la percusión, alo que se les van uniendo el resto de instrumentos para ofrecernos un bonito final. ¡Una verdadera joya!.

La primera edición que recuerdo es la del sello Green Tree de 1993, pero unos años después lo reeditó Akarma.

Por Francisco Macías

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